Junio 19 de 2020

Falta trecho

Ha pasado más de meses del reporte del primer caso de COVID-19 en el país, se encuentran diversos análisis sobre las medidas adoptadas por el gobierno nacional, así como sobre la capacidad de nuestro sistema de salud, la evolución sanitaria y el impacto económico de la epidemia.

Desde Así Vamos en Salud consideramos todavía temprano realizar dictámenes y definir sentencias sobre estos aspectos, mucho más cuando se hace evidente que cada día aprendemos algo nuevo sobre el comportamiento de este virus y es necesario mantener una vigilancia permanente a su evolución y al impacto sanitario, social y económico que produce en nuestras comunidades.

Hasta el momento, en el agregado nacional las señales epidemiológicas son positivas en los resultados que se han obtenido como consecuencia de las medidas no farmacológicas -de aislamiento colectivo y de higiene personal- que han sido adoptadas por el gobierno nacional para contener y mitigar la pandemia.

El número reproductivo básico de transmisión del virus ha descendido y varias regiones lo han llevado a 1 o a menos de 1. Con la reapertura de diversos sectores económicos, el crecimiento en la cantidad de casos de COVID-19 ha mantenido un promedio diario por debajo del 5%. La tendencia de la mortalidad, en relación con los casos detectados ha ido a la baja y de estar cerca al 5% hoy se encuentra más próximo al 3%. La tasa de mortalidad por 100 mil habitantes es una de las más bajas del continente y el porcentaje de ocupación de camas de UCI muestra una tendencia al incremento como era de esperarse, pero por fortuna todavía lejos de un eventual desbordamiento de la capacidad instalada y de la que se encuentra en expansión.

Eso sí, los resultados son diversos en las entidades territoriales. La preocupación se halla centrada en varias localidades de Bogotá -las más populosas- así como en Barranquilla, Cali, Buenaventura, Cartagena, Villavicencio, Tumaco y Leticia; ciudades en las cuales los indicadores señalados se pueden hallar bastante superiores a la media nacional. El comportamiento ciudadano y las condiciones socioeconómicas de las personas seguirán siendo clave para mitigar los impactos de esta epidemia.  

La institucionalidad del sector salud ha respondido bien, liderada por personas formadas, con experiencia y gran voluntad de servicio. Sus determinaciones fueron adoptadas con los elementos de juicio que tenían en su momento ante un virus que apenas estamos conociendo y del cual aprendemos todos en el mundo cada día; por eso no se indica leal que, para juzgarlas, algunos apelen al conocimiento y los resultados que han surgido con posterioridad a las decisiones.

Ahora bien, el pico de la cuesta de la epidemia no lo hemos superado; se ha distanciado en el tiempo quizá por una mezcla de las medidas no farmacológicas definidas, unidas al comportamiento de la ciudadanía y al del propio virus en nuestro territorio. Serán necesarios estudios que nos aclaren esto.

Pero lo cierto es que no podemos bajar la guardia; la estrategia establecida se debe mantener en unos aspectos y evolucionar en otros para cercar el virus, controlarlo, convivir con él y continuar la construcción de la nueva normalidad que nos permita retomar el rumbo de nuestro desarrollo económico y social.

Augusto Galán Sarmiento MD. MPA 
Director del Centro de Pensamiento Así Vamos en Salud